editorial alternativa para el placer de la lectura

Cita con los sentimientos

de Anif Larom
“Cuán equivocado está quién espere que Anif Larom acuda a esta primera cita con la poesía vestida y maquillada para causar una buena impresión. Anif se presenta en esencia pura, real, verdadera, desde el interior, mostrando, sobre todo, su alma. Deja de lado desde el primer poema la cortesía, olvida el qué dirán, y es ella misma. Rompe prácticamente todos los esquemas de un primer poemario, no da concesiones a versos de románticos besos envueltos en seda y rociados con esencias de perfume dulzón; no da lugar a juegos de palabras buscando el verso correcto y la rima fácil. Es el reflejo de lo que desea decir, en voz alta, sin compasión hacia sí misma ni hacia el lector. Sus palabras vencen el mutismo del miedo. Nacen, crecen, y muchas veces, hasta con rabia, se enriquecen.”Miguel Adrover 

Molly

de Jesús Martínez Fernández y Gustavo Franco Cruz

"Narrativa amena, original e incluso novelesca, contada con rigor. Es un trabajo motivado por el deseo de justicia."

JOHN CARLIN, reportero de "El País" y autor de "El factor humano", la novela en la que se inspira "Invictus"


Tictac tictac

de Carlos Zanón González
Tictac tictac es el ruido del reloj que guarda en sus tripas el cocodrilo que persigue a Garfio. Tictac tictac es el latido del reloj del conejo blanco al que persigue Alicia. Tictac tictac es la bomba que tienes escondida en casa las noches de insomnio, y que no aciertas a encontrar. Tictac tictac. Has de regresar a casa. Has de crecer. Has de seguir siendo niño. Has de jugar. Has de ser responsable. Has de recoger los juguetes de la habitación. No dejar embarazada a tu amante. Tictac tictac. Has de beber hasta morir. Has de vivir por siempre. Has de amar. Has de dejar de amar. Has de recordar y olvidar, pero no juegues con eso: siempre en ese orden. Tictac tictac. Geppetto tenía el hogar lleno de relojes que hacían tictac tictac tictac. John Barrie siempre fue otro. Lewis Carrol también. Impostores como tú y como yo. Nadie nos quiere por lo que somos. Siempre somos otros hasta que el cocodrilo nos alcanza y nos muerde la muñeca izquierda. Tictac tictac.

 


 

 

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