No he viajado a la India ni a los países del frío. No conseguí mi sueño de ver de cerca a Marlon Brando con su camiseta blanca. Mi felicidad nunca ha merecido ningún trofeo y mis triunfos duran lo justo que tardo en perseguir los próximos. Mi vida es mía y carece de interés para los demás. Ha sido intensa en emociones; tanto, que para barajarlas no me quedó más remedio que escribirlas. Escribo, y son mis letras y lo que dicen todo lo que los otros deben saber de mi persona.
Ana, la gemela marcada, está escondida dentro de una lumbre en Sierra Morena. Las sandías moteadas se despeñan por las escaleras de la cámara.
Una casa vieja y un naranjo, cosas de vivos y cosas de muertos. Arsenio, el juez rojo, no aguanta más. La nieta lo sabe y nos lo cuenta en Te compraré unas babuchas morunas, la apasionada historia de su genealogía.