En la última, y divertidísima, novela de Jordi Soler, Diles que son cadáveres, el poeta francés Antonin Artaud se infiltra en un grupo de turistas que observan las maravillas de una exótica ciudad latinoamericana. La perspectiva que le otorga ese punto de observación, acaso influida por la ingesta de sustancias psicotrópicas, convierte lo que a primera vista puede parecer una experiencia banal en fulgurantes visiones de cuya intensidad es imposible abstraerse. Algo parecido —sobra decir que desde la sobriedad a la que obliga el ejercicio del buen periodismo— es lo que han hecho Marc Javierre Kohan y Jesús Martínez en BCN Tourist. Han recorrido con actitud de naturalistas las 35 paradas del Bus Turístic de su ciudad, Barcelona, pertrechados de cámara de fotos y con un bloc de notas, a la caza de aquellos sucesos, atmósferas y personajes que se les han ido presentando.
Todo proyectil tiene su trayectoria. Del anuncio de una bala eco-friendly noruega al orificio de una bala en el labio superior de un cadáver caraqueño.